Sobre ZAIN
Me llamo Amaia. Llevaba tiempo dándole vueltas a esto, desde que empecé a fijarme en cómo nuestros antepasados se escribían cartas — cartas que, sin buscarlo, acababan siendo recuerdo. Y en cómo nosotros ya casi no tenemos nada parecido: nuestra vida entera vive en la nube, en algún servidor que no podemos tocar.

No creo que hayamos perdido la capacidad de recordar. Creo que hemos perdido las huellas — esas cosas que cuestan un poco de fricción para existir: una mano que escribe, un objeto que se toca, un gesto que se repite. Y que por eso mismo se pueden guardar, encontrar, heredar.
Nuestras abuelas no tenían más memoria que nosotros. Tenían menos cosas que recordar, y cada una dejaba una huella: una carta, una fotografía revelada y guardada en un cajón, un objeto reparado en vez de sustituido. Nosotros vivimos muchas más cosas, pero la mayoría no dejan rastro: se quedan en una conversación que se borra, en una carpeta de fotos que nunca se abre.
Desde hace ya unos años me escribo una carta a mí misma cada año, con lo que siento y con lo que me propongo en ese momento. Es un ejercicio pequeño, casi tonto, pero es lo único que de verdad me queda de cada año que pasa. ZAIN nace de ahí — de querer compartir esa misma costumbre con quien quiera adoptarla.

ZAIN Estudio no es una tienda de papelería bonita — es un intento, muy concreto, de devolver un poco de esa fricción a lo que de verdad importa. Una postal que tarda unos días en llegar no es un defecto: es el producto. Una pieza de arcilla que ha costado varias horas hacer a mano no compite en precio con nada en serie, y no tiene por qué.
Vivo en el Pirineo navarro, que es también donde nací y donde nace esta empresa. Aquí el ritmo es distinto — más lento, más de estación que de calendario — y me paso buena parte del tiempo fotografiando lo que me rodea: los valles, la niebla, la luz cuando cambia. Gran parte de lo que ves en ZAIN sale directamente de ahí.
Detrás de ZAIN estoy yo, intentando recuperar estas costumbres en mi propia vida, no solo vendiéndotelas. Si algún día ves que una idea de ZAIN no ayuda a alguien a dejar huella en algo, dímelo — probablemente tengas razón.
Si te reconoces en esto, bienvenida. Y si tienes una historia de las tuyas, una costumbre, un objeto, algo que quieres que no se pierda, cuéntamela. Es, literalmente, de donde sale todo lo que hacemos.